martes, 27 de diciembre de 2011


Kiss me underneath the mistletoe.

Bueno, pues este es un one-shot que tenía pensado publicar en algún foro pero la verdad, como tengo este blog prefiero colgarlo aquí primero y luego ya me lo pensaré si lo pongo en algún foro.

•Título: Kiss me underneath the mistletoe.
•Fandom: Tokio Hotel.
•Tipo: One-shot.
•Categoría: Hetero.
•Género: Romance.
•Clasificación: Apto para todos los públicos.
•Licencia: Safe Creative #1112270812067
•Disclaimer: Los personajes que salgan en la historia y, tengan que ver con la banda Tokio Hotel, se pertenecen a ellos mismos por lo tanto renuncio a ellos. La trama, y el resto de personajes son de mi invención. Historia sin ánimo de lucro.


Kiss me underneath the mistletoe.

Aquella noche para Lauren, era algo más que especial simplemente por el hecho de que después de cenar con su familia, se iría con unos amigos a una fiesta que todos los años el día 24 de Diciembre se montaba, con gente de todo el pueblo y de todas las edades, donde todos bailaban, bebían, cantaban y se divertían hasta altas horas de la madrugada.
Estaba nerviosa, muy nerviosa, atacada totalmente porque esa noche vería a alguien especial, a alguien que para ella ha sido más que un hermano, más que un simple amigo... Vería a su enamorado, aunque él realmente no sepa que Lauren está enamorada.
El chico se llamaba Tom y era el chico popular del instituto, incluso cuando iban a primaria ya iba haciéndose famoso por todas las chicas que tenía detrás suya, por todas con las que ligaba... Hasta que Lauren llegó a su vida y ahí, cambió radicalmente.
Tom, gracias a ella fue aprendiendo a ser mejor persona, le daba lecciones de la vida que nadie le había dado jamás y ella fue la única chica que realmente se atrevió a conocer sin pedir nada a cambio, sin pensar que luego eso le "pasaría factura".
Lauren, tirada en su cama y escuchando música, escribía divertida en su diario. No podía quitarse esa sonrisa de idiota en la cara, sabía que apenas quedaban horas para la gran noche y que vería a Tom otra vez, porque en realidad aunque apenas acabaran de empezar las vacaciones del instituto de último curso, ella ya le estaba echando de menos y mucho.
Allá donde pasaba, veía algo que estuviera relacionado con él y, gracias a eso se le ocurrió la idea de comprarle una guitarra como regalo, gastándose todos los ahorros de tres meses en una guitarra eléctrica de un color azul magnetizado, con algunos decorados plateados. Era la guitarra favorita de Tom, de la marca favorita, una Gibson Les Paul serie Custom, esas que tanto les gustaban a él y tanto las disfrutaba.
Dejó de escribir en su diario y se quitó aquellos cascos azules que le tapaban y acaloraban las orejas, apagando el MP3 rojo que le habían regalado por Navidad hacía unos años atrás. Se levantó de la cama y salió de su habitación para ir directa al baño y, cerró la puerta cuando entró, poniendo incluso el pestillo de éste para que nadie la molestara y tuviera así su media hora de relajación total.
Se desnudó, dejando su ropa en el suelo sin ordenar ni nada del estilo y, pisó el frío suelo con sus pies pequeños y diminutos comparados a los de Tom, metiéndose en la ducha cuando separó la mampara, cerrándola después.
Una vez dentro se soltó el pelo, guardando su goma de pelo en la muñeca y empezó a caer agua caliente cuando encendió el grifo de la ducha, cayendo el agua en su cara, y en todas partes de su cuerpo, quitándole todo resto de sudor o de cualquier sustancia de su cuerpo.
Alcanzó con una mano el champú de fresa, y empezó a lavarse el pelo con él para luego aclarárselo y, luego cogió el gel de coco, poniéndoselo por el cuerpo para aclararse una vez más entera y salir de la ducha, cogiendo una toalla del toallero para secarse.
Se la puso alrededor del cuerpo y salió del baño descalza y con su ropa en la mano. En su habitación, Lauren, se quitó la toalla y optó por ponerse un sujetador y un cullotte negro, a juego para luego ponerse un vestido negro también, con unas medias del mismo color y unos zapatos de tacón, pero no muy alto, negros también.
Volvió a ocultarse en el baño, estaba tan emocionada que quería que fuese una sorpresa tal y como iría vestida en general.
Cogió la plancha del pelo y comenzó a plancharselo cogiéndose con orquillas aquellas zonas que no se planchaba, entre ellas su flequillo, el cual al pasarle la plancha quedó liso y por encima de sus cejas.
Cogió el maquillaje finalmente y se colocó la base, para luego comenzar a maquillarse los ojos de más a menos, de una tonalidad negra hasta que poco a poco se va difuminando en gris. Se puso el típico rimel negro y, finalmente, decoró sus labios con un brillo especial que no se iba por mucho que comieras, o por mucho que se mojasen tus labios con agua, con un sabor a vainilla muy fino y fresco.
Volvió a meterse en su habitación mirando la hora que era. Estaba tan nerviosa... Estaba tan asustada a la vez... Porque había ensayado muchas veces en su habitación a solas cómo le diría a Tom que estaba enamorada de él. Lo que más temía era el rechazo, eso... Eso le partiría el corazón rápidamente y es que, Tom para ella era demasiado importante y ella sabe, que hay gente que se ha alejado de aquellos que les han confesado su amor, aunque ella espera que por suerte Tom no sea así.
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Ya estaban todos sus familiares en la mesa, esperándola. Le gustaba hacerse de rogar y que la llamaran cuantas veces hicieran falta, decían que lo bueno se hacía esperar así que ella no iba a ser menos en ese aspecto.
Bajó las escaleras de su casa con cuidado y allí, al girar a la derecha se encontró con su familia, que todos la miraban boquiabiertos.
Su madre, una mujer de mediana edad pero pequeña de estatura se le acercó para darle un abrazo y hablarle, cómo si ella fuera la portavoz de todos los presentes.

-Estás estupenda hija. Vamos, siéntate que ya vamos a cenar. —Lauren, hizo caso de lo que su madre le propuso y se sentó justo al lado de su hermana, comenzando todos así a cenar, pasando una agradable sorpresa.
Más tarde, después de la cena, todos se reunían bajo el árbol excepto Lauren, a ella siempre le gustaba que sus regalos se quedaran bajo el típico árbol navideño, a ella le hacía ilusión levantarse sobre las seis de la mañana y abrir sus regalos mientras desayunaba junto a su madre, disfrutando de sus regalos tranquilamente sin que nadie tuviera que molestarla. Sí, a pesar de sus quince años, ella seguía siendo una niña pequeña si se trataba de Navidad.
De repente y sin que ella se esperara nada, llamaron al timbre de su casa, yendo su padre a abrir la puerta. En ese mismo instante ella aprovechó para ir sigilosa al baño a retocarse el maquillaje, escuchando las voces de abajo.

-Oh, Tom, pasa, pasa. ¿Quieres tomar alguna cosa mientras esperas a mi hija? —Preguntó cordialmente el padre de Lauren intentando ser educado. A él, nunca le había gustado que su preciada hija menor se reuniera con Tom, le parecía alguien demasiado problemático e incluso delincuente. Ahí se notaba que no conocía en absoluto a Tom.

-Ehm... No, muchas gracias. —Tom entró en la casa, bajando el escalón, y nada más pisar el parqué del suelo de aquella casa, donde su chica vivía, fue abrazado por la madre de Lauren. A ella él sí que le parecía realmente un buen chico, y a su hija le había dejado caer que podría ser un buen yerno.

-¡Hola Tom! ¡Feliz Navidad! Cuanto has crecido, madre mía...

Por su parte, Lauren, mientras dejaba que su madre distrajera a Tom de ella, estaba en el baño acabando de retocar su maquillaje, para luego ir a su cuarto cogiendo aquella enorme caja dónde dentro había una carta en el estuche de la guitarra.
Bajó con todo el cuidado posible las escaleras, hasta que al final sintió que podía caminar sin problemas, despidiéndose de todos y saliendo por la puerta, encontrándose allí en la fachada y esperándola a Tom, que había salido para esperarla afuera.
Lauren, se quedó boquiabierta literalmente en cuanto vio a Tom con un traje, con una badana cubriendo su frente y con esa pose de chulo que siempre llevaba. No se la quitaba ni aunque la tía más buenorra del planeta se lo pidiera.
Tom, por su parte, no supo como reaccionar al ver así a su mejor amiga. Él la metió en el mundillo de las ropas anchas, de las sneakers y demás, la metió en el mundo de su propio estilo y hasta en eso eran como uña y carne, pero el simple hecho de verla tan guapa, con ese vestido y maquillada, hizo que su corazón diera un vuelco.
Ninguno de los dos se esperaba lo que iba a pasar en estos instantes. Ella, extendía los brazos para darle el regalo a Tom, y él, cuando lo cogió no lo abrió. Lo dejó apoyado en la fachada de casa de su amiga y entonces, ocurrió lo esperado para ambos.
Aunque Tom nunca hubiese demostrado sus sentimientos hacía ella, él estaba más que enamorado de su amiga también, así que ni Lauren ni Tom debían preocuparse por ello, básicamente porque su amor era tan grande y correspondido, que sería para siempre.
Él, se encargó de cogerla a ella por la cintura y entonces, sus labios se juntaron, besándose de esta manera bajo el muérdago de casa de su amiga, sellando un amor apasionado y puro, que duraría para toda la eternidad.

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